La edición Téereb Injiil (2010) es una traducción de la Biblia al idioma wolof, la lengua mayoritaria en Senegal y hablada también en Gambia y Mauritania. Esta versión representó un acontecimiento histórico para millones de hablantes, pues hasta ese momento la mayoría dependía de traducciones en francés o árabe, lenguas no siempre accesibles ni íntimas para las comunidades rurales. La publicación de esta Biblia en 2010 fue fruto del trabajo conjunto de las Sociedades Bíblicas Unidas y traductores locales comprometidos con ofrecer una versión fiel y profundamente conectada con la cultura wolof.
Este proyecto buscó no solo transmitir con exactitud el mensaje bíblico, sino hacerlo de una manera que resonara en el corazón de quienes viven en una tradición oral marcada por la música, el ritmo y la narración. El wolof, con su expresividad única, ofrecía un terreno fértil para que la Palabra se escuchara como propia. La Téereb Injiil se convirtió en una herramienta espiritual poderosa, capaz de llegar tanto a comunidades urbanas como rurales.
La traducción representó un avance en la alfabetización, pues incentivó la lectura y escritura en wolof. En un contexto en el que muchas lenguas africanas han sido relegadas frente a los idiomas coloniales, este proyecto afirmó el valor y la dignidad de la lengua local como vehículo de sabiduría y fe. Cada versículo se adaptó con cuidado para ser comprendido sin dificultad, manteniendo la musicalidad y la cadencia del idioma hablado.
Así, la Téereb Injiil no fue solo una Biblia, sino también un manifiesto cultural: una invitación a reconocer la importancia de escuchar la voz de Dios en la lengua del propio pueblo. Su publicación marcó un antes y un después en la historia del cristianismo en Senegal y Gambia, al mismo tiempo que dio al wolof una posición destacada en el ámbito religioso y literario.
El wolof es una lengua con una larga tradición oral, utilizada en la vida cotidiana, en el comercio, en la música popular y en la transmisión de la sabiduría ancestral. Durante siglos, la enseñanza formal y la predicación religiosa se llevaron a cabo principalmente en francés, lo cual creó una brecha entre el mensaje bíblico y la experiencia espiritual de las comunidades locales. La traducción de 2010 vino a cerrar esa distancia, devolviendo la fe al ritmo natural del habla del pueblo.
En África Occidental, la identidad cultural está profundamente ligada a la lengua. Escuchar las Escrituras en wolof significó no solo comprenderlas mejor, sino también sentirlas como propias. La Biblia dejó de ser percibida como un texto extranjero para convertirse en una parte de la vida cotidiana. Los sermones, las canciones y las oraciones empezaron a encontrar un eco más cercano y familiar gracias a esta versión.
Además, la traducción tuvo un impacto educativo y social. Al presentarse en wolof escrito, contribuyó a estandarizar y fortalecer el uso de la lengua en la enseñanza y en la literatura. Así, la Téereb Injiil se convirtió en un puente entre la tradición oral y el mundo de la escritura, ayudando a generaciones enteras a leer y escribir en su lengua materna.
Este contexto cultural reforzó el valor de la Biblia no solo como texto religioso, sino también como obra de construcción identitaria. En un continente marcado por la pluralidad lingüística, la Téereb Injiil mostró cómo la Palabra puede encarnarse en las lenguas africanas con toda su fuerza y belleza, sin necesidad de filtros coloniales ni traducciones intermedias distantes.
La Téereb Injiil marcó una nueva etapa en el cristianismo de Senegal y Gambia. Por primera vez, comunidades enteras podían leer y escuchar las Escrituras en la lengua de su corazón. Esto significó que la fe dejara de depender de idiomas ajenos como el francés, permitiendo una apropiación más íntima y auténtica del mensaje bíblico.
En las iglesias rurales, la traducción transformó la forma de predicar y enseñar. Las parábolas y relatos, al ser escuchados en wolof, adquirieron una fuerza renovada, despertando emociones y memorias colectivas que conectaban la Palabra con la vida diaria de los creyentes. Esto reforzó la idea de que el Evangelio no pertenece a una cultura en particular, sino que es universal y puede habitar en cualquier lengua.
Su importancia también radica en el plano ecuménico, pues sirvió como recurso para comunidades católicas y protestantes, favoreciendo la unidad en la diversidad de tradiciones cristianas. La Téereb Injiil se convirtió en un terreno común para la enseñanza bíblica y el fortalecimiento de la fe en Senegal.
En un contexto mayoritariamente musulmán, esta traducción también representó una afirmación del cristianismo como parte legítima de la identidad cultural de la región. No fue vista como una imposición extranjera, sino como un esfuerzo por encarnar el Evangelio en la lengua del pueblo.
La publicación de la Téereb Injiil estuvo acompañada de una estrategia de distribución amplia, especialmente en comunidades rurales. Miles de copias impresas fueron repartidas en escuelas, iglesias y centros comunitarios, acompañadas de programas de formación para que la gente aprendiera a leer la Biblia en wolof.
La innovación más importante fue la creación de grabaciones en audio, destinadas a comunidades con tradición oral y a personas analfabetas. De esta forma, la Palabra pudo llegar también a quienes no leen, respetando la musicalidad y la fuerza narrativa de la lengua wolof hablada.
Con el avance de la tecnología, se desarrollaron versiones digitales accesibles desde teléfonos móviles y plataformas en línea, lo cual facilitó que migrantes wolof en Europa y América pudieran acceder al texto sagrado en su lengua materna. Esto reforzó el vínculo espiritual y cultural con la diáspora africana.
Hoy en día, la Téereb Injiil (2010) continúa circulando tanto en formato físico como digital, y ha sido utilizada como base para programas de alfabetización, estudios bíblicos y proyectos comunitarios que combinan fe y educación.
El valor espiritual de la Téereb Injiil radica en que permitió a millones de personas escuchar la voz de Dios en su lengua más íntima. El hecho de orar, cantar y proclamar la Biblia en wolof transformó la manera de vivir la fe en Senegal, acercando el Evangelio a la vida cotidiana de las familias.
Literariamente, la traducción se convirtió en un referente para el wolof escrito, mostrando cómo esta lengua puede sostener textos complejos y cargados de simbolismo sin perder su naturalidad. Cada pasaje refleja la riqueza expresiva del idioma, ofreciendo un modelo para futuros proyectos literarios y educativos.
El texto también adquirió un carácter simbólico: es una obra que afirma que ninguna lengua es demasiado pequeña para albergar lo divino. Su publicación en 2010 fue un mensaje claro de dignidad para el wolof y para todas las lenguas africanas.
Su legado trasciende lo religioso. El Téereb Injiil es un testimonio de cómo la Palabra puede ser semilla de transformación cultural, identidad colectiva y esperanza espiritual. A través de esta Biblia, el wolof se consolida como una lengua viva, portadora de fe, belleza y memoria histórica.