El Textus Receptus es el nombre con el que se conoce a la serie de ediciones del Nuevo Testamento griego impresas a partir del trabajo inicial de Erasmo de Róterdam en 1516 y continuadas por otros impresores y eruditos a lo largo de los siglos XVI al XIX. La edición de 1550 corresponde a la preparada por Robert Estienne (Stephanus), un impresor parisino que publicó en Ginebra su famosa edición crítica con numeración de versículos, la cual influyó profundamente en la transmisión del texto bíblico. La edición de 1884, por su parte, corresponde a Scrivener, quien reconstruyó cuidadosamente la forma exacta del Textus Receptus utilizado por los traductores de la Biblia del Rey Jacobo en inglés.
Estas ediciones representan la base textual sobre la que se construyeron muchas traducciones protestantes tempranas en Europa, incluyendo la Biblia del Rey Jacobo (1611), la Reina-Valera en castellano y otras traducciones vernáculas. A pesar de no ser idénticas entre sí, todas mantienen la esencia del corpus textual recibido y consolidado por la tradición de los impresores reformados. De ahí su nombre en latín, Textus Receptus, es decir, el “texto recibido”.
La importancia del Textus Receptus radica en que fue el texto griego más difundido durante los siglos de la Reforma y la Contrarreforma, y se convirtió en la referencia casi exclusiva para la cristiandad protestante durante más de trescientos años. Sus palabras resonaron en púlpitos, liturgias, escuelas y comunidades de fe en Europa, América y más allá.
Hoy sigue siendo objeto de estudio, tanto por su influencia histórica como por las diferencias que guarda respecto a ediciones críticas modernas del Nuevo Testamento griego, como las de Nestle-Aland o la Sociedad Bíblica Unida. Sin embargo, su legado permanece vivo en las traducciones clásicas y en la memoria de la tradición cristiana.
En el siglo XVI, la recuperación de los textos originales en griego y hebreo formaba parte del movimiento humanista, que impulsaba la vuelta a las fuentes. Erasmo, al publicar su primera edición del Nuevo Testamento griego en 1516, abrió una puerta histórica a los estudios bíblicos. Su texto, aunque basado en manuscritos limitados, se convirtió en la base de posteriores ediciones revisadas por impresores como Stephanus y Beza.
La edición de Stephanus de 1550 es especialmente relevante, pues introdujo por primera vez la división en versículos numerados, lo que facilitó la referencia, la predicación y el estudio académico de la Biblia. Este avance técnico y tipográfico tuvo un impacto cultural enorme, permitiendo a lectores y estudiosos un acceso mucho más ordenado al texto bíblico.
La edición de Scrivener de 1884 respondió a una necesidad distinta: reconstruir el texto griego exacto subyacente a la traducción de la Biblia del Rey Jacobo. En una época de críticas textuales y aparición de nuevas ediciones griegas basadas en manuscritos más antiguos, Scrivener buscó preservar la herencia textual recibida por la tradición protestante anglosajona. Su trabajo sirvió de puente entre la erudición moderna y la fidelidad a la tradición.
En el plano cultural, el Textus Receptus fue mucho más que un texto académico: fue la base de las Biblias familiares, de la enseñanza teológica y del despertar espiritual de generaciones. Representó, durante siglos, el rostro más accesible del Nuevo Testamento griego para millones de creyentes.
El Textus Receptus fue el texto griego de referencia durante más de tres siglos, y de él se nutrieron las principales traducciones bíblicas de la Reforma. Esto significó que generaciones enteras de cristianos conocieron el Nuevo Testamento a partir de sus palabras. Su impacto en la consolidación de la fe protestante fue incalculable.
En la práctica, se convirtió en el “texto estándar” de las Escrituras griegas, dotando de estabilidad a la enseñanza y a la liturgia en tiempos de intensos debates teológicos. Fue considerado por muchos como el texto providencialmente preservado por Dios, una convicción que todavía hoy sostiene parte del cristianismo conservador.
Su influencia alcanzó tanto al ámbito académico como al pastoral. Eruditos, predicadores y fieles lo utilizaron como punto de partida para sus estudios y devociones, consolidando un lenguaje común de fe y doctrina en todo el protestantismo occidental.
Incluso en tiempos recientes, cuando las ediciones críticas modernas ofrecen un texto griego más cercano a los manuscritos antiguos, el Textus Receptus mantiene un valor simbólico y teológico, como testimonio de la fe reformada y como cimiento de traducciones que moldearon culturas enteras.
La edición de Stephanus de 1550 fue ampliamente difundida en Europa, gracias al auge de la imprenta y al apoyo de comunidades reformadas que buscaban un texto sólido para predicar y enseñar. Su formato con numeración de versículos lo hizo especialmente útil y práctico, lo cual favoreció su rápida aceptación.
Con el paso de los siglos, las distintas ediciones del Textus Receptus circularon entre imprentas de Suiza, Alemania, Inglaterra y Holanda, consolidándose como un patrimonio común de las iglesias protestantes. La edición de Beza, sucesora de Stephanus, y la de Elzevir (1633) terminaron popularizando el nombre de Textus Receptus al público lector.
En el siglo XIX, la edición de Scrivener aseguró que el Textus Receptus siguiera vivo en un contexto en el que las críticas textuales comenzaban a desplazarlo por ediciones más modernas. Gracias a su trabajo, se preservó una tradición que de otro modo habría sido marginada.
Hoy, el Textus Receptus está disponible tanto en ediciones impresas como en plataformas digitales, con acceso libre en múltiples bibliotecas en línea. Su legado se mantiene como parte de la memoria histórica de la fe cristiana y como objeto de estudio para quienes buscan comprender las raíces textuales de la Reforma.
El Textus Receptus tiene un valor espiritual enorme, pues fue la vía por la cual millones de creyentes tuvieron contacto con las palabras del Nuevo Testamento durante más de tres siglos. Para muchos, representó la voz de Dios en griego, preservada y transmitida con fidelidad providencial.
Literariamente, refleja el estilo tipográfico y editorial del Renacimiento y la época victoriana, mostrando cómo la imprenta transformó la manera de leer y estudiar las Escrituras. Cada página de Stephanus y de Scrivener es testimonio de un momento histórico en el que la tecnología sirvió como vehículo para la fe.
El hecho de haber servido de base para tantas traducciones le confiere un lugar especial en la historia de la literatura mundial. Lenguas como el inglés, el español, el alemán y muchas otras conocieron el Evangelio a través de la mediación de este texto griego.
Su legado sigue siendo estudiado, defendido y celebrado. El Textus Receptus es un recordatorio de que la Palabra escrita no solo transmite un mensaje espiritual, sino que también moldea culturas, inspira lenguas y acompaña la historia de pueblos enteros en su búsqueda de Dios.