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Atribuido al apóstol Mateo, también conocido como Leví, un antiguo recaudador de impuestos que respondió al llamado de Jesús para seguirlo. Aunque el Evangelio de Mateo no se identifica explícitamente con su nombre, la tradición de la Iglesia primitiva ha asociado a Mateo como su autor. Según los escritos antiguos, Mateo no solo fue discípulo de Jesús, sino también un testigo directo de los eventos que relató en su Evangelio.
El apóstol Mateo fue uno de los doce discípulos más cercanos a Jesús, y su transformación de recaudador de impuestos a seguidor de Cristo ilustra la naturaleza del cambio radical que Jesús puede obrar en la vida de las personas. Se cree que escribió este Evangelio con el fin de preservar y transmitir las enseñanzas y acciones de Jesús, especialmente para una audiencia judía, subrayando que Jesús era el Mesías prometido por las Escrituras.
Mateo, al ser un recaudador de impuestos, estaba familiarizado con la escritura, lo que le permitió organizar y transmitir las enseñanzas de Jesús de manera clara y accesible. Su Evangelio, más que cualquier otro, destaca el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento en la vida de Jesús, lo que refuerza la identidad de Jesús como el cumplimiento de las Escrituras sagradas.
La tradición sostiene que Mateo escribió su Evangelio en el idioma arameo, aunque la versión que ha llegado a nosotros es en griego. La obra de Mateo refleja una profunda comprensión tanto de la tradición judía como de la misión universal de Cristo, y su mensaje se orienta a mostrar a Jesús no solo como el Salvador de Israel, sino como el Salvador del mundo entero.
El Evangelio de Mateo fue probablemente escrito entre los años 70–90 d.C., un periodo crucial en la historia de la iglesia primitiva. Durante este tiempo, los cristianos enfrentaban desafíos tanto internos como externos. La destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C. había alterado profundamente la vida religiosa de los judíos y de los primeros cristianos, que eran principalmente judíos convertidos al cristianismo.
Este contexto histórico de transición, en el que los cristianos se separaban cada vez más del judaísmo tradicional, es clave para entender el propósito de Mateo. Su Evangelio fue probablemente escrito en Antioquía de Siria, un centro cristiano importante en ese momento, con una fuerte influencia judía. Mateo se dirigió principalmente a una audiencia judía, demostrando que Jesús es el cumplimiento de las profecías y que el Reino de los Cielos es accesible tanto para judíos como para gentiles.
En esta época de transición, los cristianos necesitaban afirmar que la obra de Jesús no solo había sido una revelación para Israel, sino que también había abierto las puertas del Reino de Dios a todos los pueblos. La narrativa de Mateo resalta la universalidad del mensaje cristiano y cómo el Reino de Dios se extiende más allá de las fronteras nacionales y étnicas.
El Evangelio de Mateo, por tanto, no solo tiene un contexto histórico ligado a la expansión del cristianismo en el mundo mediterráneo, sino también un contexto teológico en el que se busca establecer las bases para una comunidad que sigue a Jesús como el nuevo Moisés, el cumplimiento de la Ley y los Profetas.
Jesús es mostrado como el Maestro y Rey, que viene a cumplir lo que fue anunciado por los profetas. En el Evangelio de Mateo, Jesús es una figura de autoridad, pero también de cercanía. Él no solo predica el Reino de Dios, sino que lo vive y lo demuestra a través de sus actos. Jesús es el nuevo Moisés, pero uno que no solo da la ley, sino que trae la plenitud de la ley en su persona.
La voz narrativa en Mateo tiene un tono pastoral y pedagógico. El evangelista no solo narra los hechos, sino que también se asegura de que sus oyentes comprendan el significado profundo de estos. En las enseñanzas de Jesús, hay un enfoque en la moral y la ética del Reino: la justicia, la misericordia, y el perdón son elementos esenciales del camino cristiano. Mateo guía a su audiencia para que pueda vivir estos valores en su vida diaria.
La voz de Mateo refleja una preocupación por la formación y la edificación de la comunidad cristiana. El Evangelio se presenta como un manual para la vida cristiana, donde se invita a cada creyente a vivir con integridad, a practicar la misericordia y a seguir los pasos de Jesús, el Maestro. La enseñanza de Jesús no es abstracta, sino que es práctica y aplicable a las realidades de la vida cotidiana.
Jesús es retratado también como el Rey que establece un Reino eterno. A lo largo del Evangelio, se nos recuerda que el Reino de Dios no es algo distante, sino que está cerca y es accesible a todos. Jesús, en su papel de Maestro y Rey, guía a su pueblo hacia una nueva comprensión de la voluntad de Dios, transformando sus corazones y sus vidas.
El Evangelio de Mateo nos recuerda que Jesús es Dios con nosotros (Emanuel), y que el Reino de Dios no está lejos, sino que comienza en la vida cotidiana. El camino cristiano es uno de justicia, misericordia y servicio. Jesús nos llama a vivir con un corazón puro, buscando siempre la justicia y la paz en nuestras relaciones con los demás.
Mateo nos invita a ser transformados por las enseñanzas de Jesús, que no son solo un conjunto de reglas, sino una forma de vivir que refleja el amor y la voluntad de Dios. En un mundo lleno de conflictos y sufrimiento, el mensaje del Reino de los Cielos sigue siendo una fuente de esperanza y de guía para todos los que buscan vivir en fidelidad a Dios.
La misión de Jesús no termina con su resurrección, sino que continúa en sus discípulos, quienes están llamados a llevar el mensaje de salvación a todas las naciones. Hoy, como ayer, somos llamados a ser testigos del amor de Dios, anunciando el Reino con nuestras palabras y, sobre todo, con nuestras obras.
Así, el mensaje de Mateo sigue siendo relevante: vivir el Reino de los Cielos es un llamado a la acción diaria, a la transformación interna, y a la misión continua de hacer discípulos en todas las naciones, reflejando el amor y la misericordia de Jesús en un mundo que tanto los necesita.